LIBRO HUASIPUNGO JORGE ICAZA PDF

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Author:Tor Gardazilkree
Country:Mauritania
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):13 August 2013
Pages:305
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ISBN:543-4-96170-811-9
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Cuando la obra se inicia, don Alfonso Pereira, dueo de la hacienda Cuchitambo, sali colrico una maana de su casa dando un portazo y mascullando una veintena de maldiciones. Su hija, una nia inocente de diecisiete aos, haba sido deshonrada por un cholo de apellido Cumba: Tonta. Mi deber de padre. Jams consentira que se case con un cholo. Cholo por los cuatro costados del alma y del cuerpo. Adems El desgraciado ha desaparecido.

Carajo, termin diciendo Alfonso Pereira mientras coadyuvaba su mal humor los recuerdos de sus deudas, sobre todo los diez mil sucres que le deba a su to Julio Pereira. No tard ste en avecinarse al sobrino para hacer efectivo su cobro. Sabiendo que el sobrino no tena el dinero adeudado, don Julio Pereira se apresur a proponerle un negocio.

Le dijo que Mr. Chapy, el gerente de la explotacin de la maderera en el Ecuador, ofreca traer maquinarias para explotar las excelentes madreras habidas en sus propiedades, lo cual exigira limpiar de huasipungos huasi: casa; pungo: puerta; parcela de tierra que otorga el dueo de la hacienda a la familia india por parte de su trabajo diario las orillas del ro.

En pocas semanas don Alfonso Pereira arregl cuentas y firm papeles con el to y Mr. Y una maana sali de Quito con su familia llegando a los pocos das al pueblo de Tomachi. La mitad del camino fueron cuatro indios quienes tuvieron que llevar sobre sus espaldas a don Alfonso, a su mujer doa Blanca Chaique de Pereira, madre de la distinguida familia, un jamn que pesaba lo menos ciento setenta libras.

Todo el camino el pensamiento de Lolita se centr en el recuerdo del indio al que ella se haba entregado por amor, y que hasta ese momento no se explicaba por qu la haba abandonado a su suerte. Rpidamente Alfonso Pereira visit a muchos conocidos que el serviran para llevar a cabo su proyecto comprar, a base de engaos las tierras de los indios. Para esto contaba con el prroco del pueblo in gran aliado, hombre ambicioso que protegido por su sotana, era capaz de las ms bajas acciones a cambio de una comisin.

Al poco tiempo, naci el hijo de Lolita, y como a la madre se le sec la leche, los esbirros al servicio de don Alfonso, se encargaron de buscar entre las indias la ms apropiada para que diera de lactar al recin nacido. El cholo Policarpio, para congraciarse con su patrn, recurra a las acciones ms inicuas. Con tal de satisfacer a su amo, Policarpio desechaba en el acto a todas aquellas indias que tenan hijos desnutridos, que eran la mayora como consecuencia de los constantes clicos y diarreas que les provocaba la mazamorra guardada, las papas y ollucos descompuestos que tenan que ingerir sumidos en una miseria execrable.

En pocos meses Alfonso Pereira termin con el dinero que su to le haba dado; al saber que la lea y el carbn de madera tenan gran demanda orden iniciar la explotacin en los bosques de la montaa. El cholo Gabriel Rodrguez, conocido como el Tuerto Rodrguez fue encargado de dirigir los trabajos as como de mantener la disciplina de los indios, que en su mayora fueron arrancados de sus hogares para cumplir con tan inhumano trabajo. Toda la peonada caa producto de la modorra del cansancio, sobre ponchos donde los piojos, las pulgas y hasta las garrapatas lograban hartarse de sangre.

Cada cierto tiempo una treintena de indios eran arreados como bestias a limpiar la quebrada grande donde el agua se atoraba en los terrenos altos y haba que limpiar el cauce del ro. De lo contrario, los fuertes desages de los deshielos y de las tempestades de las cumbres romperan el dique se formaba constantemente con el lodo, precipitando hacia el valle una creciente turbia capaz de desbaratar el sistema de riego de la hacienda y arrancar con los huasipungos a las orillas del ro.

Los indios cuando sufran algn accidente eran tratados con desgano y negligencia, uno de ellos, Andrs Chilinquinga, se hiri en el pie con el hacha cuando cortaba lea. Fue tratado por un curandero quien tom el pie hinchado del enfermo y en la llaga purulenta repleta de gusanillos y de pus verdosa estamp un beso absorbente, voraz, de ventosa.

Las quejas y espasmos del enfermo desembocaron pronto en un grito ensordecedor que le dej inmvil precipitndolo en el desmayo. El curandero estaba seguro que al extraer esa masa viscosa de fetidez nauseabunda, haba alejado del enfermo los demonios que estrangulaban la conciencia de la vctima. Andrs qued cojo y fue destinado a labor de espantapjaros.

Las indias no estaban exentas de los vejmenes de don Alfonso, quien algunas veces, en combinacin con el cura, abusaban de stas. Dentro del compromiso que don Alfonso Pereira tena con su to y con Mr. Chapy, estaba el de construir un camino por el cual se transportara las cosechas a la capital. Para ello contaba con la ayuda incondicional de los hermanos Rusta, de Jacinto Quintana y otros cholos influentes entre la indiada que estaban dispuestos a secundar cualquier bajeza del patrn, con tal de obtener alguna ganancia.

Centenares de indios fueron sometidos con engaos a cumplir aquella ardua empresa que arrastrara a muchos de ellos a la tumba. Al comienzo accedieron de buena gana a tan difcil tarea, ; pero el mal trato, la mala alimentacin y el castigo fsico, cre un rpido descontento Jugo de caa fermentado en galpones con orines, carne podrida y zapatos viejos, fue repartido por orden de don Alfonso entre la indiada pro provocar el embrutecimiento alcohlico necesario para el mximo rendimiento.

A los pocos que se resistan a las inhumanas condiciones de trabajo, el Tuerto Rodrguez se encargaba de flagelarlos a punta de ltigo, para luego obligarlos a beber aguardiente mezclado con zumo de hiera mora, orn a de mujer preada, gotas de limn y excremento molido de cuy.

Era un brebaje preparado por e l mismo Tuerto y que l llamaba medicina. Los cholos tenan algunas preferencias, en cambio los indios deban soportar los peores trabajos, como aqul, en que perdieron la vida muchos al intentar drenar un pantano por donde deba pasar el camino. El cura cumpla su trabajo a la perfeccin prometiendo grandes cuentos en las penas del purgatorio y del infierno para que indios y cholos no desistieran en el trabajo. Irnicamente a lo que aconteca en Tomachi, los medios publicitarios cubrieron la heroica hazaa del terrateniente y sus secuaces, llamndolos hombres emprendedores e inmaculados.

Don Alfonso devor una y otra vez los artculos que su to Julio le enviaba constantemente. Un lecho trgico vino a enlutar an ms a los indios de Tomachi, cuando un aluvin se precipit arrasando todo lo que encontr a su paso. Para el nico que esto no signific una sorpresa fue para don Alfonso, pues, cuando el cholo Po9licarpio y veinte indios ms quisieron ir a limpiar el cauce del ro para evitar el atoro del agua, don Alfonso se neg dicindoles que todava no era necesario.

En el fondo el ambicioso terrateniente saba que la nica forma de hacer desaparecer los huasipungos eran arrasndolos con un aluvin; ningn patrn haba podido sacarlos, pues, los indos se haba revelado siempre, pero ahora, era terrible masa fangosa llevaba consigo puertas de potreros, animales, arboles arrancado de races y cadveres de nios que no haban podido escapar a tiempo de las fauces hambrientas del aluvin.

Los indios culparon de la tragedia a Tancredo Gualacota, quien se haba atrevido a pedirle al cura que hiciera una rebaja en el monto que tena que donar a la iglesia para la Virgen de la Cuchara.

La furia y la desesperacin llevaron a los indios a dar muerte al huasipnguero, el cura aprovech este hecho para manifestar que la desgracia era Castigo de Dios. Cholos e indios acoquinados por aquel temor se arrodillaban a los pies del fraile, soltaban la plata y le besaban humildemente las manos o la sotana.

Obtuvo el cura utilidades suficientes para comprarse un camin de transporte de carga y en autobs de pasajeros, dejando el buen nmero de arrieros que haba a lo largo y a lo ancho de toda la comarca sin trabajo.

El aluvin dej como saldo una hambruna infernal entre la indiada: vanos fueron los requerimientos que se hicieran a don Alfonso, quien se neg rotundamente a darles alimento. Cuando Policarpio, que haca de intermediario entre el patrn y los siervos se aperson donde don Alfonso a manifestarle que uno de sus bueyes levaba muerto varios das y que los indios solicitaban les regalara la carne podrida; ste se neg, alegando que los indios no deberan probar una miga de carne, pues Son como las fieras, se acostumbran.

Orden que la sepultasen en el acto. Policarpio hubo de azotar a los indios e indias encargados de sepultar al maloliente animal ya que estaban disputndose la carne con los gallinazos. Indios ladrones, los llam.

Pero el hambre pudo ms que el temor a las rdenes del patrn y, protegidos por la oscuridad de la noche, varios indios, entre ellos Andrs Chiliquinga, se deslizaron con sigilo de alimaa nocturna hasta la fosa donde yaca sepultado el animal, y luego de desenterrarlo, se disputaron el preciado festn.

A los pocos das la Cunschi, la mujer de Andrs, mora como consecuencia de ingerir la carne putrefacta. Como era de esperar, don Alfonso se neg a soltar dinero para sepultar a la infeliz cuyo cuerpo, ya en estado descomposicin, era velado en su choza por el desconsolado marido y algunos amigos-. El cura ofreci al pobre Andrs darle sepultura a la Cunschi, pero tendra que pagar treintaicinco sucres. El indio, desesperado, solicit un crdito; pero el ambicioso fraile le dijo que En el otro mundo todo al contado.

Andrs deambul por los senderos que trepan los cerros pensando qu hacer para conseguir el dinero para sepultar a su mujer. En una vaca extraviada por esos lares crey encontrar la solucin a su problema.

La vendi por cien sucres en un pueblo cercano donde no lo conocan, pero su hurto fue descubierto por los adulones de don Alfonso, quienes por orden de ste, lo flagelaron pblicamente para que todos vieran el castigo que se infringa a los ladrones que faltaran el respeto al amo.

De boca en boca corri por el pueblo la noticia de la llegada de los seores gringos. Todas las banderas del pueblo adornaron las puertas y las ventanas para el gran recibimiento, pues, los indios estaban convencidos que aquellos seores saciaran su hambre; ni siquiera se detuvieron ante los indios, y en tres automviles de lujo, fueron directamente a la casa de Alfonso Pereira.

Los gringos exigieron a don Alfonso que desalojara a los indios de la loma del cerro, donde ya haban sido enviados despus de ser desalojados por el aluvin, de las orillas del ro. De acuerdo por lo ordenado por los seores gringos, don Alfonso contrat unos cuantos forajidos para desalojar a los indios de los huasipungos de la loma.

Grupo que capitaneado por el temible Tuerto Rodrguez y por los policas de Jacinto Quintana, la Autoridad de Tomachi, cumpli las ordenes con severidad, pero Andrs Chilinquinga, impulsado por su desesperacin, se arm de coraje e incit a todos los indios a defender con la vida su huasipungo.

La multitud campesina, cada vez ms nutrida y violenta con indios que llegaban de toda la comarca gritaban ucanchic huasipungo nuestro picas, hachas, machetes y palos, armas con que haban de defender hasta la muerte lo que les perteneca. El primer encuentro dur hasta la noche; el Tuerto Rodrguez y Jacinto Quintana, sucumbieron ante la indiada enfurecida, que ni siquiera las balas, pudieron detener.

A la maana siguiente fue atacado el casero de la hacienda. Desde la capital, con la presteza con que las autoridades del gobierno atienden estos casos, fueron enviados doscientos hombres de infantera a sofocar la rebelin.

En los crculos sociales y gubernamentales la noticia circul entre alardes de comentarios de indignacin y rdenes heroicas: Que se les mate sin piedad a semejantes bandidos.

Que se acabe con ellos como hicieron otros pueblos ms civilizados. Hay que defender a las desinteresadas y civilizadoras empresas extranjeras, fueron algunas de las consignas que alentaron al comandante que dirigi la masacre de Tomachi.

Las balas de los fusiles y las de las ametralladoras silenciaron en parte los gritos de la indiada rebelde.

El ltimo en sucumbir con su hijo en brazos fue Andrs Chiquilinga, quien pagaba con su vida, el haberse atrevido a rebelarse a sus patrones. Intereses relacionados.

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HUASIPUNGO

Cuando la obra se inicia, don Alfonso Pereira, dueo de la hacienda Cuchitambo, sali colrico una maana de su casa dando un portazo y mascullando una veintena de maldiciones. Su hija, una nia inocente de diecisiete aos, haba sido deshonrada por un cholo de apellido Cumba: Tonta. Mi deber de padre. Jams consentira que se case con un cholo. Cholo por los cuatro costados del alma y del cuerpo.

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Huasipungo

Pero lo que es inaudito es que los terratenientes los obligaban a trabajar aunque estuvieran enfermos, cambiando la labor hasta que pudieran regresar a su antiguo trabajo. Estos personajes se reunieron con Alfonso para hacer entrega del territorio, y empezaron a ordenar la limpieza de los huasipungos para que ellos pudieran construir sus casas lujosas. Personajes de la obra[ editar ] El Narrador, El narrador en esta novela es omnisciente: no tiene un papel en la historia y no afecta la trama de ninguna manera, pero conoce a todos los personajes y sabe lo que esta ocurriendo desde el principio hasta el final de la novela. Don Alfonso Pereira, considerado un caballero de la alta sociedad de Quito, de mejillas rubicundas y lustrosas.

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Jorge Icaza

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Resumen y Critica de La Novela Huasipungo

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